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lunes, 15 de octubre de 2012

Capítulo perdido



Avanzó por la calle iluminada por viejas farolas. El suelo estaba mojado, había llovido esa tarde, mientras él dormía. Bajó los peldaños de la escaleras de piedra. Llegó a la fuente. El aspecto que proyectaba era lúgubre, sombrío. La fuente que por el día parecía digna de algún paisaje bucólico, a la luz artificial de la noche parecía más bien sacada del mismo infierno. De Pandemoniun, lugar al que él se dirigía. Su largo abrigo desabrochado ondeaba tras él; sus pasos eran rápidos, exactos. Su mano, intranquila, de vez en cuando encendía un mechero que no tenía tiempo de hacer asomar su pequeña llama antes de que esta se viese asesinada por el viento de la noche.

Su mentón se alzó en un gesto casi involuntario, miró la luna. Ahí estaba, colgada de los hilos de la noche. Redonda. Inmensa.

- Maldita prostituta.

Un fuego oscuro ardió en sus ojos mientras contemplaba la luna. Negó con la cabeza mientras apuraba el paso. Muy pronto llegaría y una vez allí ya pensaría que hacer.

- Si es que llego a tiempo...


viernes, 12 de octubre de 2012

Fight or flight



Salí corriendo de entre los escombros. Todo era una mezcla de ruido, humo y gritos. Tenía miedo y apenas podía respirar. El flato hacía que cada nueva zancada supusiera un dolor punzante. Pero debía continuar. El frío me helada los dedos, las mejillas y el corazón. La angustia se apoderaba de mi mente.

- ¿ Dónde estáis ? – grité con todas mis fuerzas buscando a mis compañeros con los ojos tan abiertos que el humo me producía gruesas lágrimas que resbalan por mis mejillas. Tosí varias veces. - ¿ Dónde estáis ?


Me detuve en seco. Giré 360º mi posición original y a punto estuve de derrumbarme entre el terror y la desesperanza. Pero no lo hice. Desterré toda fatalidad de mi mente y seguí corriendo. Saltaba entre el cemento, los hierros y el polvo. Pero al menos ya no escucha los gritos.

Sabía que mis compañeros habían salido antes de la explosión, antes de que yo lo hiciera. Sabía que no los dejaba atrás. Pero no sabía por qué todavía no los alcanzaba.

Comenzaba a sentir como los bronquios empezaban a contraerse. Demasiado rápido. Mi respiración, inicialmente acelerada, dio paso a una que era intermitente e irresoluta. “Joder, ahora no, ahora no!”. Notaba como mis costillas empezaban a aproximarse demasiado a mis pulmones. El esfuerzo que hacía por seguir en movimiento, hacía que mi asma hiciese acto de presencia. No podía continuar así.

Me detuve jadeando. Sentía dolor, náuseas y como si mi cabeza estuviese en una lavadora. Me saqué la mochila de los hombros y la abrí apresuradamente. Rebusqué entre todas las cosas que había en su interior. Cerré los ojos con fuerza y me llevé una mano al pecho. De rodillas entre los escombros dejé que mi frente tocase en el suelo. Creo que estaba llorando. “Tranquila, tranquila,…”. Pero no estaba dispuesta a rendirme tan pronto. Finalmente encontré el inhalador y me dosifiqué varias veces. “Mejor sobredosis que quedarme aquí”.

martes, 2 de octubre de 2012

Así que... Perfecto



Escupió en el suelo su saliva mezclada con su sangre. Se llevó una mano a la cabeza, todo le daba demasiadas vueltas para ser normal. Estaba empezando a marearse. Se apoyó contra una pared de ladrillo viejo. Olía raro a su alrededor. Sentía el sabor metálico de la sangre entre sus dientes y su lengua. Entreabrió los ojos mientras un foco lo iluminaba directamente. Apenas si podía respirar. No, espera, no podía respirar. No respiraba. Por qué no respiraba. Notaba como en su interior la sangre se movía por sus vasos sanguíneos a muchísima velocidad.Demasiado rápido. Chasqueo la lengua. Algo no iba bien. ¿Qué ocurría? Por qué estaba de pie si no respiraba. Se llevó una mano temblorosa al pecho, todo estaba borroso a su alrededor y la luz le hacía daño. ¿Qué sucedía? Se agarro la camiseta que llevaba con fuerza. Gritó. Gritó de nuevo. De su boca resbalan pequeñas gotitas de sangre. Volvió a gritar. Escuchó su voz desde fuera y desde dentro a la vez. Se escuchó y se estremeció. Le asustó supropio grito. ¿Qué cojones sucedía? Pasó una lengua por los labios, nervioso. La sangre danzó en sus papilas gustativas y se sintió mareado. No, espera, no se sentía mareado, se sentía embriagado. Qué delicia. Volvió a pasarse la lengua por los labios. Su gusto gritaba de alegría. Qué elixir tan suculento. Qué profundamente delicioso. Las neuronas de sus cerebro daban saltos de alegría cada vez que los nervios le enviaban el mensaje de la boca. Sangre.

- Así que... soy un vampiro. - dijo mirando el cuerpo sin vida de la muchacha que estaba tirada en el suelo, a su lado. - Perfecto.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Fred



Se pasó la mano por la mejilla y su palma tomó un color rojizo.

- Me cago en tu puta madre! – Fred sacudió la cabeza con brusquedad y se volvió de golpe contra el gigantón que le había rajado media cara con una navaja. Saltó hacia su cuello y lo agarró como pudo, con fuerza, intentando estrangularle.

El gigantón se resistió hasta que consiguió lanzarlo lejos de él. Fred chocó contra la pared más cercana y cayó sobre la mesa que había debajo. Escupió algo de sangre con desprecio y miró a la chica que, hasta el momento anterior a su aterrizaje, había estado tomando una copa mirando medio asustada la pelea.

- Lo siento, bonita. – Fred le guiñó un ojo a la chica y se dejó caer de la mesa al suelo. – A ver, gigantón… - se fue levantando como pudo mientras intentaba peinar su cabello oscuro con las manos – estás peleando conmigo, no hagas que nos separemos tan pronto; acabamos de conocernos – Y tras esto, y con una sonrisa en el rostro, se volvió a lanzar contra el hombre que le sacaba al menos 20 cm y 50 kg.

Curiosamente, tras apenas 2 minutos después de que Fred se lanzase de nuevo contra el gigantón, este último cayó inconsciente en el sucio suelo del bar.

- Un placer. – Le soltó Fred mientras lo saludaba con una mano en la frente, simulando un militar. Fred se acercó hasta donde había dejado caer su chaqueta y al agacharse una mueca de dolor cruzó su rostro, se llevó una mano a las costillas. Negó con la cabeza y volvió a intentar peinarse con la mano izquierda su desordenado cabello.

- Dime, pues, ¿cuánto es la peleílla esta? – Fred se acercó medio cojeando a la barra mientras hablaba con el señor que lo miraba tras la caja.

- Por esta vez te lo perdono, capullo pretencioso. Pero única y exclusivamente porque ese imbécil de Jonathan se merecía mil más como esta. Ya sabes, ándate con ojo por aquí.

- Sin problemas, jefe. – Y volvió a saludarle con una mano en la sien, como haría los soldados.


jueves, 6 de septiembre de 2012

Estaba hecho


Todavía recordaba aquella noche. Todo había sucedido muy rápido. Ahora, siempre que esa noche me venía a la mente, todo sucedía a cámara lenta. Era extraño. Después de aquello, al día siguiente, casi no recordaba nada de lo sucedido, pero ahora... ahora creo que podría decir el número exacto de azulejos que había en ese asqueroso baño del metro donde sucedió todo. Pero no me voy a poner sentimental.

El caso es que todo estaba hecho y no se podía poner la marcha atrás y deshacer lo hecho, el vehículo de mi vida nunca ha funcionado muy bien, siempre se me cala en los momentos importantes. Un asco, vaya. Pero estaba hecho. Hecho y terminado. Y realmente terminado para ellos, joder. Esa noche se me fue demasiado la cabeza.

Yo le había dicho a mi jefe que esa noche estaba indispuesto, en serio, pero él, para variar, pasó de mí. Ese viejo capullo siempre suda de mí. Gordo seboso. Viejo asqueroso. Quizá si no me hubiese presentado ese día en el trabajo todo lo que sucedió las quince horas después no hubiese sucedido y si esas quince horas malditas no hubiesen sucedido tal y como lo hicieron, yo sería ahora una persona completamente diferente.

Pero estaba hecho.